jueves, 9 de abril de 2015

Como Estar Mas Conectado Con La Naturaleza


Conexión con la naturaleza; ¿por qué antes si y ahora no?

Somos naturaleza. Estamos conectados con ella. Todos. ¿Quién no disfruta de un atardecer o del olor a campo? En mayor o menor medida, todos sentimos esta conexión.
Letras para la Tierra
¿Pero por qué unos más que otros? Pues como todo, depende de nuestras experiencias y vivencias. Por ejemplo, me voy al extremo, por eso de ir al grano y tal. Los mayas, los indios (los de caballos y plumas), los maoris de Nueva Zelanda… Vivían EN la naturaleza, estaban en contacto con ella todo el día todos los días. No les quedaba otra -y aquí creo que está la clave- que ser perfectamente conscientes de que todo lo que tenían, todas sus posesiones materiales, todo su estilo de vida, provenía directamente de lo que les daba la tierra. Al fin y al cabo eran ellos mismos los que trabajaban esta naturaleza para convertirla en medicinas, recipientes, casas, comida, utensilios, herramientas, energía, ropa, muebles, zapatos, armas, joyas… bueno, pilláis la idea. Algo quizás más difícil de ver, pero no por ello menos cierto: también experimentaban una conexión psíquica, espiritual. Cuando pasas mucho tiempo en el ritmo tranquilo y vivo de la naturaleza, poco a poco vas interiorizando esta psiquis, poco a poco vas conectando. En el post mi camino hacia la sostenibilidad, cuento mi experiencia personal en este sentido, que no es mucha, pero me da una idea más o menos clara de lo que debían de sentir estas culturas.
Hoy en día nuestro contacto con la naturaleza es mínimo comparado con el de nuestros amigos maorís o indios. Vivimos en ciudades que no nos dejan ver los atardeceres y compramos los recipientes, medicinas, comida, utensilios, ropa, muebles… directamente en la tienda, sin tener la más mínima idea de dónde vienen o cómo se han hecho. El otro día leía un artículo donde un profesor le preguntaba a sus alumnos de primaria de dónde venía la electricidad. ¿La respuesta? Del enchufe. Inevitablemente hemos perdido contacto con la naturaleza, y por lo tanto conexión. Y esto unido a un sistema capitalista hiperconsumista da como resultado el desastre al que nos estamos dirigiendo, pero este post no va sobre esto, me centro. El caso es que hemos desconectado con la naturaleza. Pero aún así tenemos una cosa buena a nuestro favor: nuestro gran amigo el sentido común, ¡bendito sentido común! Todavía tenemos capacidad de análisis, y hasta lo que yo se, a no ser que el Curiosity este tele-transportando materias primas desde marte, todo lo que tienes delante: el ordenador, la taza del café, el boli, la mesa, la lámpara… todo viene de la Tierra, viene de la naturaleza. No tenemos que vivir en jaimas, ni hacer nuestras propias herramientas para darnos cuenta que dependemos de ella. No nos hace falta, y eso es bueno.
Conexión con la naturaleza
Foto de www.labioguia.com
Y es aquí donde la cosa se pone interesante. Poco a poco estamos volviendo a nuestras raíces, los productos artesanos cada vez se ven más (recomiendo www.etsy.com), reflejando la individualidad de cada uno, la gente vuelve a vivir al campo, los deportes al aire libre están en auge… poco a poco está volviendo esta conexión con la naturaleza, estamos volviendo a comprender aquello que una vez entendimos pero que hemos decidido olvidar; que la naturaleza nos hace sentir bien. Pero al mismo tiempo las ciudades nunca desaparecerán, ni deberían. Creo que tenemos que buscar este equilibrio, un balance entre los beneficios que nos aportan unas -cultura, distracción, arte, relaciones humanas, etc- y los beneficios de la otra -belleza, relajación, aire libre, mindfulness- Ni tanto que queme al santo, ni tan poco que no lo alumbre. Huir de los extremos y buscar el equilibrio. De una forma u otra, ya sea en la ciudad o en el campo, tenemos la necesidad de replantearnos nuestra forma de vida. Y no para salvar la Tierra –que también- sino para salvarnos a nosotros. Empezar a conectar con aquello de donde venimos quizás sea un buen comienzo.

 Razones para comer comida orgánica

La comida orgánica es la que promueve ecosistemas sanos y se produce utilizando prácticas respetuosas con el medio ambiente y los animales. Hasta aquí fácil.
Vamos a ahondar un poco más. Os dejo 3 razones por las que pienso que consumir comida orgánica es mejor para todos:
      1. Salud. La salud de las personas y las comunidades van de la mano con la salud de los ecosistemas que nos rodean. El papel de la agricultura orgánica es mantener y mejorar la salud de los ecosistemas, desde el organismo más pequeño en la tierra, hasta los seres humanos. Ahora. ¿Es la comida orgánica más sana para nuestro body que la comida convencional? La respuesta no está clara. Cientos de estudios te dirán que si, que la comida orgánica tiene más antioxidantes y menos contaminantes (por supuesto todas las páginas web que te la quieran vender dirán esto). Sin embargo hay otros cientos de estudios que dicen que no, que es exactamente igual una que la otra. ¿Esto cómo puede ser? Pues al final es como todo. Al leer cada uno de estos estudios habría que preguntarse: ¿quién ha hecho este estudio?; ¿qué intereses tiene?; ¿quién lo ha financiado?… Ante esta disyuntiva yo me voy por el camino del sentido común. Animales sanos producirán comida sana. Tener animales encerrados sin moverse toda su vida y atiborrarlos a antibióticos no puede ser el modelo correcto. De la misma forma, una tierra más sana producirá alimentos más sanos. Antes de meternos en la boca fruta o verdura convencional han pasado 15 tíos tapados como astronautas rociándola con pesticidas. No me entra en la cabeza. Esta gente se cubre hasta las cejas para no tocar ni respirar los pesticidas y fertilizantes tóxicos que están echando en la comida. La misma comida que luego nos vamos a comer. De lujo, oye.

Creo que a veces es importante cuestionarse las cosas, aunque estén socialmente establecidas.
 
 
                                 3 razones para comer comida orgánica
3 razones para comer comida orgánica
                                 Productos locales. Y aquí va la razón que más me gusta. La belleza de la comida orgánica es que no se puede producir en masa, pues se necesita biodiversidad y equilibrio para poder crecer plantas sanas en un ecosistema sano. Por lo que normalmente la comida vendrá del agricultor de tu pueblo. Esto quiere decir que el dinero se queda en la comunidad, fortalece la economía local y más dinero va directamente al agricultor. También nos evitamos que la comida viaje miles de kilómetros innecesarios, con todo lo que eso conlleva.
En definitiva no hay ninguna razón por la que tenga que comer judías verdes de Marruecos solo porque hayan conseguido llegar al Eroski más baratas. De echo es que no le estoy dando el dinero ni a los pobres marroquíes que les dan cuatro perras por cultivarlas, se lo estoy dando a la corporación de turno. Prefiero dárselo a Manolo el agricultor de mi pueblo que está intentando ahorrar para poder vivir decentemente en los tiempos que corren.
 
3 razones para comer comida orgánica
3 razones para comer comida orgánica
 
Y por último me gustaría adelantarme a aquellos críticos de la comida orgánica que su gran arma es preguntar: ¿Y cómo piensas alimentar al mundo? Yo les digo, ¿acaso lo estamos alimentando ahora? Está archidemostrado que no hay hambre en el mundo porque falte comida, sencillamente está mal distribuida. Algo hay que cambiar. ¿Y si empezamos a pensar en cómo vamos a crear las condiciones necesarias para que cada comunidad pueda autoabastecerse en la medida de lo posible? Eso suena como una posible alternativa para mi.
Y si todavía os queda alguna duda, escuchar a este crack. El chavalín si que sabe lo que dice!